Camino por la peatonal, once de la mañana, mesa con papeles encima, pienso: ambientalistas. Deben haber abierto una planta de reciclado de perros muertos en algún lado, imagino al presidente de la empresa defendiendo el proyecto: bueno, pero a los condolidos dueños de los desafortunados animalitos les pido mayor conciencia ambiental, cuando lean el diario de mañana, el papel estará hecho del pequeño Bobby, quien ayudara a la supervivencia del amazonas. Acto seguido, un rastrillo arrojado por las hordas de fanáticos de los perros le atraviesa la yugular, queman la fabrica con los operarios adentro, bajo la consigna de “defendamos la vida animal”. Decido acercarme.
Me llegue hasta la chica mas bonita papeles en mano, no fue difícil elegir, las otras opciones eran una señora mayor algo desalineada, con la pintura corrida, divorciada reciente y un gordo pelado y barbudo, especie de Lenin venido a menos, adicto a los barbitúricos, que de seguro aprovechaba la causa para conquistar a la vieja, era realista, la chica bonita estaba fuera de su alcance. Como yo soy de todo menos realista, me acerque, fingiendo interés en la causa y ocultando mi interés por su escote.
Hola soy Valeria, estamos juntando firmas para que algunas agrupaciones de izquierda puedan participar de las elecciones, en días como estos en lo que el gobierno hace entrega de los recursos naturales y del ahorro de nuestros ancianos, creemos que la revolución democrática es la salida… no puedo dejar de mirar la revolución en su boca… eh como me decías?
Valeria parecía tener todo muy claro, lo había leído un par de veces. Aun así seguí escuchándola, me gusto que me hable de la revolución. Donde firmo?
Le pregunte acerca de las bases de su propuesta política, nada que no pudiera encontrar en el manifiesto, pero salido de sus labios. Hablamos hora y media, ya no sabia como extender la charla-adoctrinamiento. Finalmente derrape, quiero participar en el asunto, dije, mirándola, sabiendo que el asunto era ella.
Pase días pintando banderas, asistiendo a mítines decadentes, el mas extraño fue uno en el que estábamos, el presidente del partido, un eterno estudiante de ciencias políticas, albino, extremadamente flaco, con tatuaje de los Black Panthers, gritón e intolerante, ah y además también con interés en Valeria, ella y yo. Valeria en determinado momento se fue al baño, y como el tipo decía que la revolución no podía esperar, decidió votar una moción en ese momento, osea metiéndome presión, para votar a su favor. Le vote en contra. Estábamos en un problema, el estatuto decía que en caso de empate se debida consultar a las autoridades en Moscu, pero ante la imposibilidad de consultar a un consejo disuelto hace veinte años decidimos esperar a que vuelva Valeria. Votó a mi favor. Lo sentí como una victoria. Como una revolución.
Esa misma noche acabamos revolviendo las tensiones ocasionadas por los conflictos sociales bajo las sabanas. Nunca estuve más convencido del fin del capitalismo.
Esa misma noche decidí confesar mi nulo interés por su causa. Eso provoco en ella un nulo interés hacia mí. Pude alegar que el fin justifica los medios, pero me pareció inconveniente. Voy a tener que volver al whisky mi amor, le dije, el vodka era solo para impresionarte. Mentí. Una vez más.
Se fue, dando un portazo, quizás me insulto apenas traspuso la puerta, o se dijo algo a si misma. Preferiría lo primero.
La cruzo de vez en cuando, finge que no existo, me ignora. Como al capitalismo.