
Una nueva derecha cool nos asola.
Ahora resulta que todo lo profesional es PRO, lo positivo es PRO y se trabaja en PRO del bien del país. Pero estas son apenas vaguedades.
Todo esto me llevo a pensar: ¿Qué es realmente ser PRO?
Haciendo honor a David Hume, no tuve mejor idea que practicar el empirismo yéndome a la buena de Dios a Buenos Aires. Después de sacar el pasaje, me quedaban apenas unos pocos morlacos en la billetera, así que, al llegar, tenia dos opciones, guardar ese dinero para comer y retornar, o invertirlo en la investigación. Una vez más, pensé en Hume, y no lo dude.
Una encuesta de Artemio López decía que el voto tachero era casi en su totalidad PRO, así es que me dije, tengo que interactuar con esa tribu, y que mejor que hacerlo en su hábitat de trabajo.
_ ¿A donde?, fue el seco recibimiento que me dio quien debía comenzar a dilucidar la verdad PRO.
_ A la verdad, le dije, poniendo cara de Novarecio. El tachero arranco sin escuchar mis palabras, abstraído, ideando una forma de cagarme.
_ ¿A Colegiales me dijiste, no?
_ Si, da igual… y… hablando de las elecciones, ¿a quien voto usted?, dije, haciendo gala de toda mi sutil habilidad para llevar una conversación hacia donde me conviene.
Golpeo con su dedo índice el parabrisas señalando una calcomanía que decía “Va a estar bueno Buenos Aires”
_ ¿Que es de una empresa de turismo?, pregunte, rozando el sarcasmo, pero mas cerca de una fingida ingenuidad entupida.
_ No, eso es PRO.
_ ¿Y que seria ser PRO?, indague, creyendo estar, por fin, en el umbral de una verdad reveladora.
_ Ser PRO es…. Pero por la puta madre que los remil parió, mira como me cortaron la calle estos negros de mierda! No puede ser, el que paga el pato es siempre el tipo de bien, el laburante. A vos te parece, estos no quieren trabajar, los estudiantes no quieren estudiar, este país así se va a la mierda. Que aprovechen ahora, porque cuando venga Mauricio se les va a terminar la joda a todos estos vagos.
Como la vena en la frente del tachero estaba por estallar y además habíamos quedado inmovilizados por tiempo indeterminado, decidí pagar, para luego ir a buscar la verdad PRO a otra parte, luego del notorio fracaso de la primer entrevista.
Despojado de todo mi capital, tuve que interrumpir la investigación, para, de algún modo, abastecerme de alimento, que, a esa hora, ya era algo prioritario.
Llegue a la conclusión de que lo único que podía hacer era vender las pocas pertenencias que lleve conmigo. Arme un improvisado puestito, muy visitado por Neobolchehippies que se iban decepcionados al no encontrar nada tejido en macramé.
Cuando estaba por vender mi billetera, comprada en una feria rosarina, la obesa humanidad de un agente de la ley y el orden se interpuso, a la voz de “tengo orden de desalojar a todos los vendedores ambulantes”.
_ La calle es pública, alegue, sin mucho convencimiento.
_ Es publica para la gente de bien, no para los piojosos como vos y ahora raja que la orden viene de arriba.
_ ¿De donde?
_ ¿Como de donde?, no viste quien gano el domingo.
_ Pero yo tengo derechos….
_ Derechos, vos querés derechos, acá tenés tus derechos.
Mis derechos me dejaron en posición horizontal y sangrando.
Sentado en el suelo, tratando de recomponerme, divise un distintivo del PRO en la solapa de una mujer muy distinguida que acababa de salir de un banco. Me interpuse frente a ella pidiéndole que me dispense unos minutos de su tiempo para hablar del fenómeno PRO. Sospeche que mi aspecto desalineado por la golpiza pudo generarle algo de desconfianza, cuando grito hasta quedarse sin garganta: _ Policía!, llamen a
Desperté en una celda común, después de que un tipo me picara el ojo con un palo tres veces.
_ Como te dejaron flaco…, comento acerca de mi estado el que tenía tatuado en el pecho al padre Farinello.
_ ¿Por que te metieron?, me pregunto otro.
_ Por investigar la esencia del fenómeno PRO, respondí.
_ El PRO no es más que una invención del marketing político, destinado a suavizar, con algunas menciones a la inclusión social, las propuestas neoliberales de quien es visto como un administrador exitoso por quienes olvidan que el estado no es una empresa, dijo Farinello, que se había recibido de Licenciado en Filosofía, antes de dedicarse a la piratería del asfalto.
_ Sino pregúntale a aquel que es de la 12, me aconsejo el otro, señalándome a un tipo que babeaba los barrotes, apoyado en la reja.
_ Disculpe, según me dijeron, usted es PRO.
_ Si, soy de Boca, ¿y que?
_ Entonces podes hablarme del fenómeno Mauricio.
Nunca supe si respondió o no. Según me contó Farinello, después de honrar mis derechos, me afano las zapatillas y me escupió en la cara.
Me dejaron libre al día siguiente, por falta de pruebas y, sobre todo, de denuncia.
Decidí dar por concluida la investigación.
Arribe, forzadamente, a la conclusión de que el fenómeno PRO es tan complejo y absolutamente innovador para la política vernácula, que nadie puede desentrañar aun su ininteligible esencia.
Lo que se dice, todo un homenaje a Hume.
No hay comentarios:
Publicar un comentario