
Mientras leo la última página de un ensayo del italiano Mario Deaglio caigo victima de un sopor implacable.
El ensayo se titula Postglobal y en él plantea que la globalización no es un proceso irreversible. Identifica la base material del actual periodo globalizador en la disminución asimétrica entre los costes de producción y los de comunicación y transporte. Además, correlaciona históricamente el periodo que denomina “Globalización prolongada” (1840-1914) con el más actual de la “Globalización breve” (1985-2000). Denomina a esta ultima “Globalización de mercado” y caracteriza a sus promotores como una “nueva burguesía” globalizada. También, afirma que si la disminución de los costes productivos sobrepasara en el futuro a la del costo-distancia, se asistiría a un proceso de “desglobalizacion” y se demostraría (como en 1914) que la globalización es reversible.
Los vahos oníricos aun no lograron hacerme caer completamente en un estado de alegre inconciencia, por lo que la resistencia en la zona racional todavía da batalla y analiza que la tesis de Deaglio tiene algunas falencias, la principal es comparar ambos periodos sin tener en cuenta lo sucedido en medio (la aparición y desarrollo arrollador de los medios de comunicación, la transnacionalizacion de las economías, la desaparición de las fronteras financieras, entre otras cosas)
La resistencia, que ya es heroica, se apura en reseñar que lo mas interesante del ensayo son los tres escenarios posibles que entrevé el autor para un futuro postglobal. El primero es una especie de “Pax Americana” de escala global, impuesta militarmente y sostenida por una economía controlada por los Estados Unidos. El segundo plantea una “Globalización archipiélago” conformada por grandes bloques regionales, económicamente interconectados, políticamente independientes. El tercero es el gastado “Choque de civilizaciones”, en el que la globalización enfrenta crecientes resistencias locales, para terminar en un conflicto generalizado.
Aplastada la resistencia racional, que se extendió hasta el martirio, ya todo es inconciencia. En este estado mis neuronas se dedican a lo que mejor les sale, desvariar.
Y sueño, como buen freudiano con los resabios de la vigilia. Sueño con un cuarto escenario postglobal.
Al parecer no soy el único que esta leyendo el ensayo, también lo esta haciendo una médium austriaca, que malinterpreta a Deaglio (o lo interpreta en base a quien sabe que precepto numerológico), y concluye que si ahora estamos como en 1914 es porque ambos números están hermanados, y es posible resucitar a los muertos de ese año. En parte, la particular interpretación podría justificarse por la considerable deflación de liquido sufrida por la botella de vodka que flanquea a las cartas de tarot, pero eso es solo un prejuicio racionalista. En fin, tan errada no está, porque luego de comentarle el asunto a Francisco Fernando de Austria, logra convencerlo de que se reincorpore de su tumba para cumplir con su revalidado rol de heredero del trono Austro-Húngaro.
Francisco Fernando sale a dar un paseo por las calles de su reino, y es asesinado, una vez mas, ya no por nacionalistas servios, sino por un tachero vienes pasado de merca.
Notificado de esto, su padre, Francisco José, emerge de su féretro puteando cuan militante de Quebracho que recuerda que su Mastercard esta en rojo justo cuando esta por comprarse un calzoncillo con la cara del Che. Decidido a declararle la guerra a Servia, se entera de que ahora esta acompañada por un tal Montenegro. “No importa los vamos a hacer mierda a los dos”, se le oye decir al emperador.
Al conocer este atropello, el Zar Nicolás II se levanta de su sepulcro, mirando para todos lados por si viene Lenin, y declara su apoyo a la causa servia.
El Káiser Guillermo II, por su parte, empuja a Alemania a otra contienda mundial convencido de que “la tercera tiene que ser la vencida, che”.
Para no ser menos, Lloyd George, Vittorio Emanuelle y Georges Clemenceau producen el ingreso a las hostilidades de Gran Bretaña, Italia y Francia respectivamente.
Woodrow Wilson tarda un poco mas en resucitar, conocidas son las dilaciones americanas cuando de guerras mundiales se trata.
Irigoyen permanece, por una cuestión de principios, en su tumba.
En todos los programas de televisión, renombrados analistas políticos analizan la situación, uno me resulta familiar, aunque no acabo de reconocerlo. Es el más lucido. Le oigo decir: “Bush, Blair, Berlusconi y Putin debieron abandonar el poder porque, para algunos pueblos, los fantasmas del pasado tienen un macabro e inexplicable atractivo. Y además, puestos a elegir, prefieren a quienes les dan asco solo por su avanzado estado de descomposición”.
Finalmente despierto, ya que en este punto el sueño se volvió intolerablemente bizarro, el analista político era Tinelli.
1 comentario:
debo admitir que esta muy bien el texto para un cajero de boite.
lo único, no me convence demasiado el nombre: "the casa white" es una garcha. ergo. le sugiero que le ponga: marxismo a la groucho, y al carajo. ta luego.
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